Muy interesante artículo sobre la metodología del karate-do, su pedagogía, la disciplina que aporta su práctica como herramienta para la comprensión y adaptación de los valores en la vida diaria de sus practicantes. Es por ello, que tiene un valor transcendental el inicio de su práctica desde temprana edad. 

Para estudiar con atención. Buena lectura!.

Educación sin palabras 

No entiendo la educación en el karate-do como algo reglado, que lo es, o académico, que lo es, y menos si es con el fin de tener éxito en nuestras vidas como practicantes, que lo puedes tener. Sí creo en la disciplina que el karate-do nos aporta como herramienta para equilibrar nuestras decisiones y acciones, siendo estas correctas ya sean pensamientos, palabras o gestos, en nuestra práctica-entrenamiento y además aplicarlo en nuestra cotidianidad. 

El karate-do es un método educativo con una pedagogía activa y lo hace a través del cuerpo, entendiendo el cuerpo como una unidad indivisible con respecto a la mente, y la mente, como una unidad indivisible con respecto al cuerpo. El cuerpo y la mente no son dos características diferentes en el ser humano, aunque lo sean. Si escuchamos al cuerpo total, nos transmite activamente modales desde nuestro nacimiento. Después llega el conocimiento. 

Cuando asistes por primera vez al dojo te enseñan el valor del respeto a través del cuerpo, antes de explicarte qué es el respeto. Así, la acción intuitiva y pura surge de forma natural de este CUERPO. El conocimiento viene después, interpretándolo, y esto nos puede causar confusión con respecto a la acción, al querer darle sentido intelectual a lo que es. Es por esto que el karate-do es vacío de intelectualización, de subjetividad y objetividad. El karate-do es pura intuición en sí mismo. Así es como mis maestros me lo han transmitido. 

En mis inicios, recuerdo cuando iba al dojo y me lavaba los pies antes de entrar en él o de pasar la mopa antes de comenzar la clase, nos saludábamos con bondad y gratitud, nos esforzábamos sin recompensa, en definitiva, nos respetábamos con humildad, sin darnos cuenta nos formábamos en valores como auténticos seres humanos, sin ser éstos, valores con valor. Lo hacíamos a través del esfuerzo y la constancia. Estos modales no eran parte intelectual de la práctica, sino que eran la práctica en sí, a través del entrenamiento sin palabras, es decir, solamente podían ser explicados a través del cuerpo y de la acción, no del intelecto. 

En mi modesta opinión, esto da un valor transcendental a nuestro arte y es revelador para la educación desde la infancia. Dentro de nuestro arte, creo que esto se va perdiendo. Hablo de valores, siendo estos sin valor. 

Cuando la acción y el conocimiento son uno, comienza el Do, la Vía, el verdadero karate-do, pero esto es solo el comienzo de una larga y diligente práctica-entrenamiento sin tiempo ni lugar. 

Hay tanta riqueza en el aprendizaje de nuestro arte, que al querer darle sentido perdemos la calidad que puede aportar a nuestras vidas. Decimos: es un arte de defensa, que lo es, pero tenemos que ir más allá y ver que la defensa contiene la no-defensa y la no-defensa contiene la defensa. La defensa la solemos entrenar con más frecuencia, la no-defensa es la que no vemos y por lo tanto no practicamos y en ocasiones es realmente necesaria. De esta manera solo practicamos una parte del karate no la totalidad. Clasificamos al karate-do como un arte de defensa, pero el karate-do no puede ser clasificado, está vacío, la parte clara la vemos objetivamente, la no-clara permanece escondida, no aparece. 

Nos preparamos para combatir, pero…. ¿qué combate?, la defensa de la que hablo no es hablada y es la que más necesitamos entrenar. Esta es la que te hace ser un ser humano íntegro. Esa defensa que no entrenamos es la que te hace llegar a descubrir la realidad de que todos los miedos y pensamientos están vacíos, aunque sus efectos sean legítimos. 

Esta es la dirección a seguir para llegar a defendernos sin utilizar la defensa, a ser fuertes, sin utilizar la fuerza, a ser hábiles, sin la desilusión, a ser sabios, sin llegar a la experiencia, apartando las nubes de la ignorancia, tal como lo hace el kata Unsu. Este kata en su inicio, al separar las manos a la altura de la cabeza simula simultánea y sutilmente separar las nubes de la cabeza para ver con claridad. Sin embargo, cuando lo aplicamos, solo aplicamos la defensa con el cuerpo en su modo bunkai. Esta aplicación es correcta pero ahí solo estamos aplicando nuestro arte de una manera expresiva corporalmente. Y es algo fantástico, pero incompleto. 

Si solo damos importancia a los movimientos y técnicas para aniquilar a nuestro adversario en lugar de fundirnos en la profunda sabiduría compasiva, retrocederemos en la evolución del Do, alejándonos de la vía. Debemos mirar hacia dentro de las técnicas, comprenderlas y adentrarnos en lo que ellas nos quieren transmitir y comunicar, puesto que, a través de ellas si lo sabemos leer, separaremos también las nubes de la ignorancia, el odio y la codicia, entendiendo y comprendiendo de esta manera nuestra magistral práctica, nuestro arte el KARATE y su vía el DO. 

Fuente: http://www.rincondeldo.com/la-profundidad-del-karatedo/

Autor: Juan Carlos Hernández Torrubias Monje Zen «Ten Zen».

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